martes, 29 de marzo de 2022

Aníbal vencedor contempla por primera vez Italia desde los Alpes


 

Aníbal vencedor contempla por primera vez Italia desde los Alpes es un óleo de tema histórico que Francisco de Goya presentó en abril de 1771 a un concurso de pintura convocado por la Academia de Parma un año antes, el 29 de mayo de 1770. La obra, considerada la más temprana obra maestra del pintor.

El cuadro muestra a Aníbal erguido en actitud dinámica, girado el cuerpo hacia un ángel (o genio) que le señala el paisaje Italiano —que el espectador no puede ver—, desde un otero rocoso, y alzándose la visera del yelmo. A su lado izquierdo (derecho del espectador) hay un jinete abanderado y tras él un cielo nuboso del que baja la Victoria en su carro, con la mano en la rueda (posible alusión a la cambiante Fortuna) que porta una corona de Laurel. Parte de la caballería de Aníbal comienza a bajar hacia el valle al extremo derecho del cuadro y al fondo y en la izquierda se vislumbra una batalla. En primer término y de espaldas, contemplando y enmarcando la composición, aparece un robusto cuerpo humano con cabeza de buey, alegoría del río Po, que vierte un recipiente de donde manan las fuentes de este río, como prescribía la representación de la Lombardía en la figuración iconológica de Cesare Ripa. Un fuerte viento hinche la bandera blanca del caballero y la capa de Aníbal.

La composición inicial pudo inspirarse en el bajorrelieve de José Arias, La construcción del puente de Alcántara en Toledo que el autor había presentado en 1766 al concurso de segunda clase de escultura convocado por la Real Academia de San Fernando, y que obtuvo el primer premio de su categoría. En este concurso, en la modalidad de pintura tomó Goya parte también, por lo que es muy probable que el aragonés hubiera tomado apuntes del relieve de Arias que luego reutilizó en el diseño del personaje de Aníbal (enormemente coincidente, incluso en la postura con el Trajano que centra la composición del escultor) y en las líneas generales de la composición del cuadro.

En cuanto al cromatismo, dominan los azules suaves, los rosas y el gris perla, lo que se ha visto como expresión del carácter clásico e irreal de la escena, que adquiere así tintes heroicos.

Si bien el concurso se convocó en mayo de 1770, el fallo del jurado fue un año después y de hecho Goya presentó su obra en abril de 1771. El joven pintor aragonés no ganó el concurso, pero sí obtuvo una mención especial del jurado, que le achacaba una falta de realismo en el colorido y el detalle. Sin embargo, la obra muestra la perfección que ya en 1771 había conseguido en todos los aspectos técnicos de la pintura al óleo, como prueba la satisfactoria solución de la extraordinaria complejidad de composición que exigía el cuadro, que debía, además, exponer la relación con los sucesos pasados y futuros al momento representado al tiempo que debía mostrar unas campiñas que necesariamente estaban a la espalda del espectador del lienzo. Es testimonio, asimismo, de la maestría alcanzada en la calidad en el dibujo, del que son muestra los apuntes que recoge el Cuaderno italiano, o el hábil uso de la veladura, el cromatismo de la luz rosada y la creación de una impresión de efectos atmosféricos de gran riqueza.

Consiguió Goya, además, aumentar la invención significativo e intelectual de la obra más allá de lo que pedían las bases de la competición, pues añadió la figura simbólica de la Victoria y del río Po, para conseguir representar la geografía de la mayor parte de las batallas que Aníbal mantendría con las legiones romanas aludiendo además al resultado frecuente de estas.

 

martes, 1 de marzo de 2022

LA FAMILIA DE FELIPE V

La familia de FelipeV, Van Loo, Museo del Prado

 

La familia de Felipe V es un cuadro de Louis Michel van Loo, pintado en 1743, que representa al rey Felipe V de España con su familia.

Los personajes del retrato se dividen en tres grupos. A la izquierda están el príncipe Fernando y su esposa Bárbara con la infanta Mariana Victoria, esposa de José I de Portugal. El grupo central lo integra el rey y la reina Isabel de Farnesio, apoyada en el cojín que sostiene la corona, símbolo inequívoco de su gran poder. En medio de ellos aparece su hijo el Cardenal-Infante don Luis, más tarde conde de Chinchón, a lado de los monarcas se encuentran el duque Felipe I de Parma y su esposa Luisa Isabel de Borbón, hija de Luis XV.

En el suelo juegan las infantas Isabel de Borbón-Parma (derecha) y María Isabel Ana de Borbón (izquierda), nietas de los reyes, siendo hijas de los infantes Felipe y Carlos respectivamente. Por último, en el lado derecho de la composición se encuentran el infante Carlos, por entonces rey de Nápoles y Sicilia, y su esposa María Amalia de Sajonia, con las infantas María Teresa Rafaela (esposa del delfín de Francia, Luis) y María Antonia Fernanda, futura reina consorte de Cerdeña. en una breve mirada a la obra se puede observar a prácticamente toda la familia de Felipe V.

Un amplio y teatral conjunto de cortinas rojas enmarca un balcón, donde una orquesta interpreta un concierto. Mientras, el rey y su familia escuchan la música en un amplio salón que da paso a un jardín.

Van Loo realiza con extremo detalle las telas y los adornos de los personajes, elementos inspirados en la escuela flamenca. El pintor goza de todas las confianzas de Felipe V, pues supo sintetizar el estilo oficial, con reminiscencias de Rubens y Van Dyck, con un sello adulador clásico del rococó francés. Además, el artista capta las emociones y los rasgos psicológicos de los personajes. Es la gran obra de Van Loo, que marca su realización como retratista y le permite forjar su propio estilo, que bebe de las aportaciones de Hyacinthe Rigaud, Pierre Mignard y la escuela italiana.

martes, 21 de enero de 2020

EL TORO DE FARNESIO





Toro Farnesio es la denominación historiográfica de la mayor escultura en bulto redondo de la antigüedad clásica que ha llegado hasta la actualidad. Su tema es el suplicio de Dirce, a la que los hijos de Antíope (Anfión y Zeto), deseando vengar las ofensas a su madre, ataron a un toro salvaje que la arrastró hasta matarla.
La composición es piramidal, dentro de la que se establecen líneas helicoidales de tensión ascendente sobre una base paisajística (o "fondo alejandrino", al ser característica de la denominada escuela alejandrina de la escultura helenística, frente al "fondo ático" o neoático). Las figuras secundarias (un perro, un niño y una segunda figura femenina -que representa posiblemente a Antíope-) han sido identificadas a veces como adiciones posteriores.
Se identificó inicialmente como la escultura a la que se refirió Plinio el Viejo en su Naturalis Historia,​ que fue tallada en un solo bloque de mármol por los escultores Apolonio de Tralles y su hermano Taurisco, de la escuela de Rodas (ca. 130 a. C.); y fue llevada a Roma desde la isla griega de Rodas como parte de la fabulosa colección de arte y esculturas propiedad de Gayo Asinio Polión, un político romano de finales del siglo I a. C., que las exhibía en su famosa biblioteca. En algún momento fue expuesta en la Domus Aurea. La obra fue muy estimada e imitada, existiendo un fresco pompeyano con la misma composición (en la Casa de los Vettii) y varios mosaicos (hallados en Écija, Sagunto y Pola).
Actualmente se considera que muy probablemente la escultura hallada en las Termas de Caracalla no es el original griego, sino una versión romana tardía y muy restaurada, con adiciones que desvirtuarían la composición inicial; aunque se sigue apreciando el fuerte dinamismo que proporciona la forma serpentinata y el gran realismo animalístico.

martes, 16 de abril de 2019

NOTRE DAME





Se trata de uno de los edificios más señeros y antiguos de cuantos se construyeron en estilo gótico. El uso innovador de la bóveda de crucería y del arbotante, los enormes y coloridos rosetones y el naturalismo y la abundancia de decoración escultórica lo diferencian de la arquitectura románica.
Su edificación comenzó en el año 1163 y, para 1260, ya estaba completada en su mayor parte, aunque se terminó en el año 1345 y se modificó de manera frecuente a lo largo de los siglos siguientes. Durante la década de 1790, tras la Revolución francesa.  Notre Dame sufrió la profanación de parte de su imaginería religiosa, que quedó dañada o destruida. La publicación de Nuestra Señora de París por Victor Hugo, no obstante, reavivó el interés popular por ella. Eugène Viollet-le-Duc encabezó un proyecto de restauración que comenzó en 1845 y se prolongó durante un cuarto de siglo. 


La catedral de Notre Dame de París en un voluminoso templo de planta de cruz latina. Presenta un gran cuerpo de iglesia con cinco naves más capillas laterales. El ancho transepto se sitúa casi en la mitad de la longitud de las naves y resalta poco en planta. La capilla mayor esta rodeada por una girola de doble nave.
En cuanto al alzado, hay que decir que participa de las características de otros templos del gótico temprano, con sus tres pisos característicos:
  • Primer nivel: Arcos formeros apuntados sobre enormes columnas.
  • Segundo nivel: tribuna comunicada con la nave central mediante tres vanos apuntados envueltos por otro mayor, en cada tramo.
  • Tercer nivel: claristorio con ventanales constituidos por doble vano apuntado y otro superior circular.
Siendo todo hermoso y equilibrado, hay que destacar la belleza de su tribuna, concretamente sus esbeltos arcos y finas columnas. Sin embargo, esta tribuna se mantiene en Notre Dame por inercia del mundo románico o por estética porque aquí ya no cumple funciones de sustentación. La razón es que en esta catedral de París nacen los arbotantes exteriores que se ocupan de dicha función, de apuntalar los empujes laterales de las bóvedas de la nave central.


La escultura de la seo parisina es de extraordinaria calidad dada la importancia que tuvo París en el siglo XIII como centro del reino a donde acudían los mejores maestros. Aquí estaba la corte, que poseía iniciativa artística, y fueron capaces de atraer a los mejores artistas, ya fueran arquitectos, escultores, vidrieros, miniaturistas, etc.

La escultura de Notre Dame de París hay que buscarla en el exterior del templo. Se ubica en las tres puertas de la fachada occidental, en los dos hastiales extremos del transepto y en la Galería de los Reyes antes citada.
La escultura de la fachada occidental, salvo el tímpano de la Puerta de Santa Ana, es toda de comienzos del siglo XIII (1210-1220) y se considera dentro del gótico clásico.
Sin embargo, la escultura de las puertas del transepto es de época algo más avanzada (1240-1250). Por tanto, estilísticamente es diferente a la de la fachada occidental.
La puerta de Santa   Ana tiene la particularidad de que buena parte de su escultura es anterior a la construcción de la catedral gótica, reutilizándose de una construcción anterior de finales del XII y que podríamos calificar de tardorrománica. Concretamente, la parte reempleada es un tímpano con dintel cuyo origen se desconoce. Debido a la distinta forma y tamaño de estos elementos tardorrománicos respecto al espacio del portal gótico se tuvo que añadir en la parte superior unas esculturas de ángeles y decoración vegetal. 


El citado tímpano tiene forma semicircular con un leve apuntamiento. Está presidido por una Virgen Theotokos, de tradición aún románica por su hieratismo, frontalidad y ubicación del Niño en el centro de su regazo. La Virgen está solemnemente sentada en un trono bajo un precioso baldaquino con estructuras arquitectónicas que simbolizan la Jerusalén Celestial. A ambos lados hay sendos ángeles turiferarios. En los extremos del tímpano encontramos la figura de un obispo y un escriba y al lado opuesto un rey arrodillado.
El registro inferior de este tímpano tardorrománico lleva el Ciclo de la Natividad, con las escenas de la Anunciación, Visitación y Nacimiento de Cristo (María está tumbada en una cama de gran riqueza, junto a un San José pasivo).
La parte inferior ya es del periodo gótico -del siglo XIII- y lo ocupa un friso con la historia de San Joaquín y Santa Ana.
En el parteluz aparece la estatua del obispo San Marcelo alanceando un dragón.
La Puerta del Juicio Final es de principios del siglo XIII, aunque hay que ser precavidos al contemplar la belleza de sus esculturas como consecuencia de las radicales restauraciones y reconstrucciones del siglo XIX, especialmente en la parte inferior
Posee también tres registros. El superior es la parte menos reconstruida del conjunto al ser la más inaccesible desde el suelo.


 En él aparece un Cristo Hombre con nimbo crucífero mostrando las llagas de las manos. A ambos lados, dos ángeles portan los instrumentos de la Pasión, mientras que San Juan y la Virgen interceden por la humanidad (Deesis). Hay que recordar que la representación del Cristo humanizado en la escena del Juicio Final es típica del gótico y refuerza la idea de la naturaleza también humana de Jesús y su papel no sólo como juez sino como redentor.
En el registro central se representa, de izquierda a derecha, los bienaventurados, mirando a Cristo, al arcángel San Miguel que se encuentra pesando las almas (psicostasis), junto a dos demonios que tratan de inclinar la balanza a su favor. Los condenados, atados por cadenas, son empujados por otros dos diablos. El registro bajo es un friso del siglo XIX de Viollet-Le-Duc pero que reproduce los restos supervivientes en la Revolución. Muestra la Resurrección de los fallecidos para que sean juzgados por Cristo. Los muertos salen de los sepulcros, con ropajes identificativos de su condición u oficio, mientras ángeles en los extremos tocan las trompetas anunciadoras del juicio que va a comenzar. En el parteluz de la Puerta del Juicio Final, vuelve a aparecer la solemne figura de Cristo bajo un doselete.
Las arquivoltas abundan en la temática del Juicio, mostrando en los extremos el mundo de los condenados, a la derecha, y de los bienaventurados, a la izquierda. En estas arquivoltas -dadas las posibilidades tan grandes que ofrecen su tamaño de colocar a muchos personajes- también aparecen ángeles, patriarcas, etc.
En ellas se coloca a la izquierda el seno de Abraham, que recoge a las almas bienaventuradas que se representan como niños.
Las partes donde aparecen los bienaventurados es ordenada, tranquila, y quizás poco expresiva. Sin embargo, el área dedicada a los condenados tiene más movimiento porque éstos se rebelan, con lo que se muestra más expresividad, desorden y agitación.
En las jambas se representa a un Apostolado, muy rehecho, al sufrir importantes deterioros por su fácil accesibilidad. Cada uno tiene su atributo identificativo, que fueron la mayoría destruidos o cambiados de sitio durante la Revolución Francesa.
En la zócalo inferior de las jambas, por ser de gran visibilidad para los fieles, fue el lugar el elegido para colocar las Vicios y las Virtudes, los calendarios, los signos del Zodiaco. Las escenas son de gran belleza, perfección y calidad.
Aquí el artista goza de mayor libertad iconográfica en las representaciones al ser éstas de carácter profano, que cuando se representaban a personajes sagrados. Sin embargo, contienen una gran carga alegórica y simbólica.
La puerta norte es una típica portada de temática mariana. Lamentablemente fue muy mutilada durante la Revolución Francesa, y reconstruida posteriormente.


Está organizada en tres registros. En el superior y presidiendo la puerta se esculpió la escena de la Coronación de la Virgen, que aparece sentada junto al Todopoderoso. Les acompañan ángeles, dos arrodillados en los extremos, postura motivada por su emplazamiento, y un tercero coronando a la Virgen.
En el registro central se colocó la escena de la Dormición o Muerte de la Virgen. María aparece tumbada en su lecho, rodeada por los apóstoles y dos ángeles que inician el levantamiento de la Asunción.
En el registro inferior, en el lugar del dintel, se representan a los Patriarcas, que flanquean a un baldaquino bajo el que se encuentra el Arca de la Alianza, que contiene la Tablas de la Ley por la que Yahvé instauró la Antigua Ley por medio de Moisés, de gran valor simbólico.
En el parteluz aparece la Virgen de pie con el Niño en su brazo izquierdo. En las jambas aparecen santos, patriarcas del Antiguo Testamento, reyes y otro personajes. Entre ellos destaca la célebre estatua de San Denís con su cabeza cortada sujeta por la manos. Es una escultura del siglo XIX.
La puerta de Cloitre es la puerta por donde accedían al templo los canónigos desde el "Claustro del clero".
Es por ello que se eligió una iconografía acorde con el tipo de espectador que iba a presenciarla y las instrucciones morales que se deseaba transmitirles.


La puerta central posee tres registros. En el inferior se desarrolla el ciclo de la Infancia de Cristo con el habitual sentido narrativo: A la izquierda aparece el Nacimiento de Cristo (La Virgen se encuentra tumbada en una cama con gesto sereno). Bajo el lecho está el Niño en su cuna, flanqueado por el buey y la mula. San José se apoya en la cama somnoliento. A continuación aparece la presentación del Jesús en el templo donde es tomado en brazos por el sacerdote Simeón. Unas sirvientas detrás de la Virgen portan cestas con palomas como ofrenda.
Posteriormente aparece la escena de la matanza de los santos inocentes. Este episodio del Nuevo testamento se representa muy habitualmente tanto en el románico como en el gótico, puesto que además de lo dramático y expresivo del asunto se añade el hecho de que fueron los primeros mártires cristianos. En el extremo de la derecha y como fin de la secuencia aparece la Huida a Egipto.
Los registros medio y superior se aprovecharon para representar la historia del monje Teófilo de Adana.
El monje Teófilo ostentaba el cargo de arcediano en un monasterio bizantino. Cuando murió el abad, se eligió como su sucesor a Teófilo por su prestigio, pero éste rechazó el cargo por humildad.
El nuevo abad elegido privó injustamente de su cargo arcediano a Teófilo, que agraviado y enojado se arrepintió de su decisión. Un judío le ofreció alcanzar la mitra mediante un pacto con el diablo. Al cabo del tiempo, Teófilo se arrepiente y con la intercesión de la Virgen consigue romper el acuerdo.
Tan azarosa historia es esculpida en la Puerta del Clasutro de Notre Dame donde Teófilo aparece acompañado por el judío, estrechando las manos del demonio para cerrar su pacto. También aparece con el abad y la Virgen que le libera de su acuerdo diabólico. En el friso superior se nos muestra sentado y rodeado de personas mientras hace público lo que le ha acontecido.
Con este relato materializado en piedra, se pretendía adoctrinar a los canónigos sobre las tentaciones de la envidia, la corrupción y la soberbia.
En el parteluz aparece la figura de la Virgen con el Niño, cuya escultura está prácticamente perdida.
La puerta de San Esteban era el santo patrón de la ciudad y a él se dedicó la puerta sur del transepto que comunicaba el palacio episcopal con el templo.


En ella está esculpida la historia de su martirio. Se aprecia en la talla el momento más evolucionado y tardío en que se realizaron con relación a otras puertas de la catedral. Las figuras de los personajes se despegan del muro y adquieren posturas y gestos más vivos y dinámicos lo que incrementa el naturalismo y la capacidad narrativa de la historia y su anecdotismo.

Para terminar unas imagenes del interior. Mi silencio ante su perdida.